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Trump intenta salvar a toda costa la construcción del muro con México

El presidente visita la frontera tras dirigirse a la nación y amenazar con prolongar el cierre

La guerra de Donald Trump para construir el muro con México ha llegado a la hora de la verdad. Después de mañana, el actual cierre de la Administración será el más largo de la historia de EE.UU. Los demócratas no ceden y no abren la bolsa de los presupuestos para darle a la Casa Blanca los 5.700 millones de dólares que pide. En un agónico intento de última hora, el presidente ha encadenado discursos a la nación en horario de máxima audiencia; visitas al Capitolio y la frontera, y reuniones en la Casa Blanca. El objetivo de tan frenética actividad es convencer a la ciudadanía de que construir el muro es un imperativo político.

El primer discurso televisado a la nación de Trump, pronunciado solemnemente el martes desde el Despacho Oval, duró ocho minutos y logró toda la atención que el presidente había deseado y más. Las cadenas y radios generalistas lo emitieron y las páginas web informativas lo retransmitieron en directo, lanzando alertas sobre él a los móviles de los norteamericanos. Por unos minutos, EE.UU. se detuvo para escuchar a Trump alertar de los graves riesgos de una frontera abierta, que describió como escenario de «una crisis humanitaria, una crisis del corazón y del alma».

Trump mezcló la lírica con datos de dudosa procedencia, como que «cada semana 300 ciudadanos mueren por sobredosis de heroína, un 90% de la cual llega desde la frontera sur» o que al final «el muro lo pagará el nuevo acuerdo comercial con México». Hablando directamente a los ojos al norteamericano medio, como hacía Ronald Reagan desde ese mismo escritorio, le dijo: «Hay quien sugiere que construir una barrera es inmoral. Entonces, ¿por qué los políticos ricos construyen muros, vallas y rejas alrededor de sus casas?».

El mensaje estaba claro: es el ‹ahora o nunca› de un presidente sólo contra el resto de Washington. Hoy, Trump visitará la frontera, agotando el tiempo que se ha dado a sí mismo para solucionar un problema que él mismo ha creado. Los demócratas le han ofrecido reabrir hoy mismo la administración y volver a pagar a los 800.000 funcionarios que se han quedado sin sueldo, si acepta dejar de lado la negociación sobre el muro. El presidente se ha negado. «Estará cerrado todo el tiempo que sea necesario», advirtió ayer.

20.000 millones

Tras tomarse la molestia de visitar a los líderes republicanos en el Capitolio para tratar de convencerles de que le apoyen de forma más decisiva en esta crisis, Trump dijo, preguntado sobre si declarará el estado de emergencia: «Quiero que lleguemos a un acuerdo. Si no lo hacemos, puede que al final opte por ello. Tengo todo el derecho de declarar una emergencia nacional si quiero».

El presidente lleva días jugando con la idea de la emergencia nacional, que le permitiría ordenar al ejército que se encargue de acabar el muro, cuyo coste total es de 20.000 millones de dólares de los que el Pentágono dispone. Así Trump llegaría a las elecciones de 2020 con el trabajo hecho, aunque la decisión acabe impugnada en los tribunales.

«Maldad y desinformación»

El presidente citó ayer por segunda vez en una semana a la nueva presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, y el líder demócrata en el Senado, Charles Schummer, más por la imagen de tenerlos sentados delante que por lograr un acuerdo que sabía que era imposible. Desde que comenzara el cierre de la Administración el 22 de diciembre, las posiciones no se han movido ni un milímetro. Trump exige el dinero para reabrir el Gobierno y los demócratas no quieren saber nada del muro. «El discurso del presidente rebosaba de maldad y desinformación, sembrando miedo en lugar de respetar los hechos», dijo Pelosi.

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