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La UE exige a May un plan claro si quiere pedir una prórroga

El eurodiputado y partidario del Brexit Nigel Farage –

Barnier insiste en que no hay otro acuerdo posible para evitar una desconexión brusca

«Una prórroga ¿para qué?» se preguntó ayer el negociador europeo para el Brexit, el francés Michel Barnier, en un debate en el plano del Parlamento Europeo en Estrasburgo, el día siguiente del rechazo del acuerdo de Retirada en el parlamento Británico. Las opiniones en las instituciones europeas son cada vez más pesimistas sobre la posibilidad de eludir una desconexión sin acuerdo del Reino Unido y se aceleran los planes de contingencia para lo que pueda suceder el 29 de marzo, un proceso inédito en tiempos de paz.

La situación la resumía muy bien el portavoz del presidente del Consejo Donald Tusk el martes por la noche justo después de la segunda derrota de la primera ministra británica Theresa May en el Parlamento. «¿Qué más podríamos hacer nosotros?» dijo con cierta resignación. Y esto es lo que sentenció ayer Barnier, incluso antes de que se supiese que hay una muy exigua mayoría de diputados que no quiere una salida sin acuerdo. «Prolongar esta negociación ¿para hacer qué? ya que la negociación sobre el artículo 50 está terminada», cerrada y firmada en el acuerdo que la UE ha ratificado y que los parlamentarios británicos no quieren aprobar.

Para Barnier, «es responsabilidad del Reino Unido decirnos lo que quiere para nuestra futura relación, cuál es su elección. Esa es la pregunta que se plantea ahora, a la que esperamos una respuesta, y esa pregunta se plantea incluso antes de una decisión sobre una eventual extensión» de su permanencia en la UE, más allá del 29 de marzo. Después del voto de ayer tarde contra la idea general de salir sin acuerdo falta otro que versará sobre la solicitud de una extensión del plazo de aplicación del Artículo 50, que se supone que será positivo, y «tras estos votos, corresponderá al Gobierno británico decirnos, esperamos que de manera positiva, cómo desea proceder para reunir por fin una mayoría constructiva sobre una propuesta».

Pero por parte europea, se mantiene que el acuerdo cerrado sigue siendo «el mejor y el único posible» y si el Reino Unido «todavía» quiere salir de la UE «de forma ordenada», el que hay sigue siendo «el único acuerdo disponible», mientras que si se apuesta por la desconexión brusca «recomiendo no subestimar este riesgo ni sus consecuencias».

Lo que le está diciendo Barnier a May es probablemente que han de ser los británicos los que deben aclararse, ya sea con un plan que describa cual es su propuesta de relación futura, que depende de lo que sean capaces de diseñar en términos de interacción con el resto del mundo, o que tal vez se muevan otras variables políticas en Londres, como podrían ser unas elecciones que cambiasen la composición del Parlamento.

Pero hay dudas de que aún se pueda llegar a tiempo para ello. Los líderes europeos se reunirán el 21 para escuchar a May, que probablemente pedirá una prórroga y no está claro que todos los países estén de acuerdo en concedérsela. Además los populistas antieuropeos que promovieron el referéndum están ahora pidiendo a sus principales aliados que no lo concedan. Sus dos principales socios son en estos momentos los gobiernos de Italia y Polonia, ambos en manos de partidos o coaliciones que no se pueden considerar proeuropeas. Pero es verdad que tanto Varsovia como Roma tienen muchas cosas de las que preocuparse antes de entablar una batalla que, por otro lado, no les reportaría ninguna ventaja. Tampoco Alemania o Francia son muy favorables a la prórroga por las razones que ha evocado Barnier. Es decir, que si no hay ningún ingrediente nuevo, carece de sentido seguir dando vueltas a la rueda como un permanente «deja vu».

Nigel Farage, el conocido antieuropeo que se sienta todavía en el Parlamento de Estrasburgo, ha declarado que «siendo realistas» cree que el periodo de esa prórroga puede acabar siendo de «al menos un año» y que si hace falta volver a hacer campaña para seguir siendo eurodiputado, está dispuesto a hacerlo. El portavoz liberal, Guy Verhofstadt, le recriminó que «lo haría porque quiere seguir beneficiandose del sueldo de parlamentario para transferirlo a sus cuentas en un paraiso fiscal».

En los días aciagos que siguieron al referéndum de 2016 un político alemán de gran preeminencia en Europa sentenció que lo mejor para la UE sería que la decisión que habían tomado los británicos no podía ser algo con consecuencias brillantes para este país. El tiempo le ha dado la razón tal vez como ni siquiera él podía imaginar.

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