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El Parlamento vota en contra de un Brexit sin acuerdo por 43 votos

A May, tras la nueva humillación sufrida el martes, no le quedó más remedio que dar libertad de voto a sus diputados y a los miembros del Gobierno

El Parlamento británico volvió a mandar un mensaje claro al Gobierno: no permitirá una salida de la UE sin acuerdo. La Cámara de los Comunes aprobó por 321 a favor y 278 en contra la moción presentada por el Ejecutivo y que dejaba claro que los parlamentarios «se niegan a aprobar dejar la Unión Europea sin un acuerdo de retirada y un marco para las relaciones futuras el 29 de marzo de 2019».

Westminster asume así el control del Brexit, cedido por la primera ministra tras ver enterrado su pacto, y mañana mismo se votará en el Parlamento si pedir una extensión del artículo 50 del Tratado de Lisboa a Bruselas para apostar por la opción que ahora parece más plausible, la de retrasar el proceso más allá de la fecha original de salida.

Sin embargo, la moción del Gobierno tenía truco. El texto advertía, cuidadosamente escrito, que esta sigue siendo la «opción por defecto… a menos que esta Cámara y la UE ratifiquen un acuerdo» antes del 29 de este mes, dejando una puerta abierta a salir abruptamente si la UE no da su brazo a torcer y no concede esa prórroga o durante este periodo no hubiese avances. Todo para no sacar de la ecuación completamente este escenario.

A May, tras la nueva humillación sufrida el martes, no le quedó más remedio que dar libertad de voto a sus diputados y a los miembros del Gobierno. Algo que ellos mismos exigieron en la tensa reunión, otra más, del gabinete celebrada por la mañana.

Por si no le quedó claro a la primera ministra, el Parlamento también pidió en la única enmienda, en la que los conservadores no tenían esa autonomía de voto y presentada por dos laboristas, descartar completamente una salida sin acuerdo. Fue aprobada por 4 votos de diferencia (312 a favor y 308 en contra) demostrando al Gobierno que la Cámara no quiere una salida sin acuerdo sea cual sea la fecha.

Quedó rechazada (164 a favor y 374 en contra) la otra enmienda, que proponía una estrategia, acordada conjuntamente por euroescépticos «tories» y algunos partidarios de permanecer en la UE del bando conservador. El compromiso Malthouse, como se le bautizó, pedía una extensión del artículo 50 del Tratado de Lisboa hasta el 22 de mayo para que ambas partes se preparasen para salir sin acuerdo. En ese momento se firmarían acuerdo de estatus quo mutuos entre el Reino Unido y la UE y que funcionarían como un periodo de transición hasta finales de 2021 dejando las cosas como están hasta entonces, incluyendo pagos a Bruselas y saliendo sin acuerdo tras esa fecha.

En ese tiempo que se sellaría un tratado de libre comercio entre las partes y para evitar una frontera dura se utilizaría tecnología capaz de reconocer los vehículos y productos que pueden cruzar de un lado a otro, sin necesidad de aduanas. En definitiva, una estrategia para saltarse la controvertida «salvaguarda» irlandesa que tanto euroescépticos como miembros del DUP rechazan y que ha hecho caer el acuerdo de May en dos ocasiones. Un plan que, por cierto, no tendría muchos visos de ser aceptado por las autoridades europeas.

May ya había avanzado en la tradicional ronda de preguntas a la primera ministra de los miércoles que votaría en contra de salir sin acuerdo de la UE. Algo que fue muy criticado por los únicos parlamentarios que apoyan esta opción, los euroescépticos de su partido y los del DUP, el partido norirlandés que sostiene al actual Gobierno. Fueron ellos los que se encargaron de recordarle a May las palabras que esta tanto pronunció y que se hartó de repetir durante la primera fase de negociaciones con Bruselas: «Un «no acuerdo» es mejor que un mal acuerdo». Fue uno de sus archienemigos y exministro de Exteriores Boris Johnson, el que lideró la postura antieuropea: «Si no eres capaz de levantarte de la mesa, ¿Qué influencia puedes tener en una negociación?» señaló.

«Puede que haya perdido mi voz, pero entiendo la voz del país y creo que aún es posible un buen acuerdo con la UE», aseguró una May que, sin embargo, no abrió el debate anterior a la votación al encontrarse ya sin voz debido a su afonía. «Ha tenido dolor de garganta durante unos días», confirmó uno de sus portavoces. Fue su ministro de Medio Ambiente Michael Gove, uno de los que tiene un discurso más apasionado y de los principales artífices del Brexit, el que tomó la palabra para defender la postura del Gobierno. Este sugirió, en una parte de su discurso que hoy, además de votar si solicitar una extensión a Bruselas, podrían tener lugar una serie de votos significativos para conocer la opinión de los diputados y saber qué pasos debería dar el Ejecutivo ahora.

Antes de Gove, fue su compañero en el Ejecutivo, el titular de Economía Philip Hammond, quien abrió fuego contra una salida abrupta. Presentando en el Parlamento su Informe de Primavera, las previsiones trimestrales de su ministerio, explicaba que las finanzas británicas no se resentirán tanto si la opción elegida es abandonar el club comunitario con un pacto. De lo contrario poco menos que el apocalipsis. «Salir sin acuerdo supondría una perturbación relevante en el corto y medio plazo, y una economía menos próspera en el largo plazo. Mayor desempleo, sueldos más bajos, precios más elevados en los comercios», aseguró.

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