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Así es la bacteria de las lentillas que devora la córnea: “Me dijeron que perdería el ojo”

Las lentillas pueden introducir en el ojo amebas, hongos y bacterias.

Los expertos advierten de que la primera causa de infección en la córnea es una mala higiene en el mantenimiento de las lentes de contacto.

“Desperté por la mañana con un intenso dolor en mi ojo derecho. Sentía como si me estuviesen clavando algo afilado en él. Me levanté y todo el mundo advirtió que tenía ese ojo completamente rojo”. Desde que era muy pequeña, Beatriz Llinás se vio obligada a utilizar lentillas a causa de su miopía. Todavía le acompañan a todas partes, sin embargo, desde hace cinco años, ha extremado las medidas higiénicas de estas lentes. La razón principal es que, a través de ellas, se introdujo en su globo ocular una bacteria que devora la córnea.

Este microorganismo se conoce como pseudomona. “Se trata de un germen muy agresivo que puede crecer en medios líquidos, como el de las lentes de contacto o los sueros”, explica Juan Antonio Durán de la Colina, miembro de la Sociedad Española de Oftalmología. “Se adhieren a las lentillas y, aunque la córnea tiene barreras eficientes para impedir la infección, puede existir alguna erosión o herida pequeña por la que pueden penetrar”.

El médico asegura que estas infecciones no son comunes, pero reconoce que, si la pseudomona penetra el globo ocular, los resultados pueden ser fatales. “Lamentablemente, es difícil conocer las cifras exactas del número de infecciones, pero lo grave es que parece que van aumentando y que los gérmenes son cada vez más agresivos”, advierte Durán. “En el mundo occidental, la primera causa de infección de córnea es el uso de lentes de contacto. Los pacientes son generalmente jóvenes y no es raro que se vean afectados los dos ojos”.

Perder un ojo en pocas horas

Beatriz Llinás había ido a pasar un fin de semana a Alicante con la familia de su, por entonces, pareja. Por suerte, el padre de su chico era médico y pudo colarla de urgencia en la clínica oftalmológica de un colega. “Los médicos me informaron de que, en una sola noche, la pseudomona había devorado dos tercios del grosor de mi córnea. Según me dijeron, la bacteria se había introducido en mi bote de las lentillas y había proliferado en el líquido salino”, cuenta Llinás.

Este germen puede vivir perfectamente en el líquido del estuche de las lentillas. Si se detecta, hay que tratar la infección rápidamente. Otros microorganismos que pueden infectar a través de las lentillas pueden ser las amebas y los hongos pero, aunque son más resistentes a los tratamientos, no son tan agresivos como la pseudomona. Este germen libera unas enzimas que destruyen el tejido corneal a gran velocidad“, asevera el oftalmólogo.

Los médicos informaron a Llinás que, hacía poco menos de una semana, un chico más joven que ella había acudido a la misma clínica con el mismo problema. “Le tuvieron que sacar el ojo. Los médicos me advirtieron de que si la pseudomona terminaba de devorar el grosor de mi córnea al completo, también perdería el ojo”, cuenta la paciente. Juan Antonio Durán de la Colina explica que se trata de una situación extrema, pero que, aún así, ocurren. “Un ojo perforado con una infección activa permite que el germen penetre en el interior del ojo y que lo destruya al completo“.

La mitad de la vista perdida

La clínica donde fue tratada Llinás tenía una farmacia incorporada y, en ella, sintetizaron un antibiótico especial. “Debía aplicármelo cada media hora durante los primeros días. Conseguimos matar a la pseudomona antes de que terminase de devorar el grosor de la córnea. Durante siete u ocho meses no pude ponerme lentillas, mi pupila se veía de color blanco mientras se me curaba la cicatriz que había dejado la infección”.

Tras este episodio, Beatriz perdió calidad de vida. La herida que le quedó está situada justo encima de su pupila. Por esta razón, cuando la luz incide en su ojo derecho y su pupila se contrae, la cicatriz ocupa casi todo su espacio y no ve. Los médicos cifraron en un 30% la pérdida de visión que sufrió en un primer momento. “Cuando volví a graduarme la vista, el oculista me dijo que la pérdida de visión era de un 50%. Es posible que se agravase, que calculasen mal la pérdida la primera vez o, incluso, que hubiese mucha luz y no viese bien con la pupila contraída”.

Llinás también perdió la oportunidad de mejorar su vista a través de la cirugía. Los médicos le han advertido de que, primeramente, debería realizarse un trasplante de córnea para que fuese posible operarla.

Nuevos hábitos

Era una persona muy descuidada con mis lentillas. Las necesito para todo y siempre andaba quitándomelas y poniéndomelas. Desde que me pasó esto se lo cuento a todo el mundo para que no les pase a ellos”, cuenta Llinás. “Es muy importante lavarse las manos antes de manipular las lentillas y cambiar el líquido y el bote a menudo”.

Durán coincide con Llinás. Piensa que el uso de las lentillas está muy trivializado y advierte que la contaminación de las lentillas depende de las medidas de limpieza que se les aplique. “Los estuches deben de cambiarse una vez al mes, para no mantener a los gérmenes en ellos. Los riesgos de infección aumentan cuando se utilizan sueros sin conservantes, cuando alguien se ducha o se baña con ellas y, por supuesto, cuando se duerme con las lentes de contacto puestas”.

[Más información: El fin de la miopía: una nueva técnica láser esculpe la córnea sin dañarla]

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